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siempre_pendientes

A través de la ventana

Donde yo vivo

Yo vivo cerca de una vía del tren. Los trenes pasan a todas horas pero yo sólo los escucho por las noches, cuando todo está en silencio, cuando la ciudad duerme pero el tren está más despierto que nunca. Yo duermo, y en mi silencio, a veces oigo el ruido de un motor, de los vagones traqueteando por los raíles. A veces, sueño con los pasajeros que no sueñan, me desvelo con los pasajeros desvelados. Y el ruido que yo escucho tranquilamente en mi habitación, se convierte en un ronroneo continuo para los que están dentro, para los que duermen y para los que están despiertos, para las ausentes y para los presentes, para los que lo escuchan y para los que no lo oyen. Algunas veces, también ocurre que el tren pasa y yo no lo escucho.
Cerca de mi casa hay un puente. Por encima de ese puente pasa un tren y por abajo paso yo. Cuando lo hacemos los dos a la vez, el ruido debajo del puente es ensordecedor, el suelo tiembla un poco y, cuando consigo salir del puente, parece que aparezco en un nuevo mundo y aun puedo sentir la presión en mis oídos.
Algunas veces, sueño con subirme a ese tren, y dormirme y despertarme, pero dentro.

En el número 5.6ºA

Felipe se tumba al sol en su terraza sobre los cojines del sofá que se queda totalmente desolado mientras Felipe toma el sol en la terraza. Al mismo tiempo, se escucha a su compañero de piso, protestar porque no tiene donde apoyarse mientras mira el tomate. Felipe sale, con sus pantalones flojos y sus zapatos negros con cordones rojos, unas cuantas veces al día a la terraza para comprobar que sus plantas están en perfecto estado: las riega, las sube al borde del balcón, las baja, las cambia de maceta, las mira tirado en los cojines del sofá…
Felipe es el vecino más famoso del vecindario pues es el que más se asoma a este cuadrilátero rodeado por sus cuatro lados de casas, de vecinos que no se conocen, de historias diferentes pero en el fondo cercanas…
Al lado de Felipe, casi compartiendo terraza, una madre que tiende la ropa y su hijo; un niño de unos tres años que se sube a la ventana como a la grupa de un caballo y a veces grita un poco. Felipe, si está fuera tomando el sol o hablando por teléfono le sonríe al niño como confraternizándose con él para que no se convierta en una amenaza para sus queridas plantas. Encima, vive un grupo peculiar, son estudiantes y amenizan las tardes a golpe de guitarras y cantando canciones de Sabina.
Ya de noche, se comienzan a ver los interiores de las casas, Emilio, el del segundo puerta A, prepara los exámenes tirado en la cama con sábanas de color azul chillón. Un par de pisos más arriba, Manuel plancha una camisa sin camiseta ni nada que cubra su parte superior, está pegado a la ventana y detrás de él, aunque yo no lo puedo ver, está su hijo en la cuna.
Aquí vive mucha gente joven, muchos padres primerizos, muchos hijos inexpertos, muchos estudiantes aprendiendo de la vida, muchos solteros en su piso de solitarios. Como contrapunto, casi el único establecimiento de la zona, un centro de día para mayores. Es como una ironía de la vida que está ahí para recordarnos que el tiempo pasa.

Desde aquí

Un señor pasea a su perro que se detiene para olisquear el suelo, la base de un árbol, el papel de un chupa-chups que un niño tiró esa misma tarde.

Pollock

Pollock "...the painting has a life of it´s own. I try to let it come through".
- Jackson Pollock